Fue una de esas casualidades que se producen en los extremos de la vida, cuando ya se empieza a ver la meta; sus cuerpos nunca llegaron a rozarse, lo mas cerca que consiguieron estar el uno del otro, fue a miles de kilómetros de distancia; lo que aproximadamente son las antípodas. Sus mundos eran opuestos, pero aun así, mantuvieron un romántico idilio en el reloj caduco del tiempo.
Y ahora que ese tiempo caduco se ha reconciliado con las heridas producidas en la batalla que surgió hace una eternidad de eternidades, en un lugar jamás encontrado en los atlas de la historia universal; solo podemos decir, que las rocas pertenecían al pleistoceno, y hoy son solo polvo en el desierto del Kalahari: Nunca podremos pregúntale a las rocas, hoy tan solo porciones de polvo etéreo; las conversaciones que mantuvieron esta pareja, en esa distancia sideral que los mantenía tan alejados al uno del otro.
Nadie se acuerda de aquellos acontecimientos de la primigenia pareja; podemos aseverar a ciencia cierta, que dejaron un chispazo que aún en noches, mucho después de que el mundo dejo de existir, siguió alumbrando la linea del horizonte a los peregrinos que aun van en busca donde nació la poesía.
Dio en el centro de la diana y se le olvido el significado del amor.
Millones de kilómetros de distancia, yo soy un millón de millas de distancia
Estoy navegando como una madera flotante en una bahía de viento
¿Por qué preguntan cómo me siento ¿cómo se te ves tu?
Me siento anzuelo, línea y plomada, perdí a mi capitán y mi tripulación
Estoy de pie en el descansillo, no hay nadie allí, soy el final de una nada
Ahí es donde me encontrarás, con vistas al mar azul profundo
Estoy navegando como una madera flotante en una bahía de viento
¿Por qué preguntan cómo me siento ¿cómo se te ves tu?
Me siento anzuelo, línea y plomada, perdí a mi capitán y mi tripulación
Estoy de pie en el descansillo, no hay nadie allí, soy el final de una nada
Ahí es donde me encontrarás, con vistas al mar azul profundo
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