miércoles, 29 de abril de 2015

Uno se vuelve olvidadizo.

El proscrito 
Permanentemente anotan silencios en mi cuenta de resultados (la vida). He visto el rendimiento, y compruebo con cierto rubor, que debería sentirme muy orgulloso, soy el que más silencios tiene en su haber. Otros por mucho menos, tienen sus cuenta repletas de charlatanes.
Admiro vuestra aportación de silencios; ¡es más!, me siento tan profundamente complacido, que no lo dudare en absoluto, y en un arrebato de éxtasis a vosotros mis admirados negadores de la palabra; con respecto a mi que tanta necesidad necesito de la comunicación verbal, del verbo suelto.
Os comunico, que a partir de este momento, no esperéis de mi nada más ni nada menos, que mis más apreciados silencios, queridos anotadores de silencios silentes.
Duelen los silencios, pero aún más: "ser un proscrito en el cementerio del olvido silenciado".
La sombra errante.










Por favor permíteme que me presente,
soy un hombre de dinero y buen gusto,
he estado por aquí durante un largo, largo año,
he robado el alma y la fe de muchos hombres.
Estaba cerca cuando Jesucristo 
tuvo su momento de duda y dolor,
me aseguré muy mucho de que Pilatos
se lavara las manos y sellara su destino (el de Jesús).
Encantado de conocerte,
espero que adivines mi nombre,
pero lo que no logras entender,
es la naturaleza de mi juego.

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