viernes, 6 de diciembre de 2013

Una historia de amor

Al final de nuestra tercera o cuarta salida, por fin te besé.

No teníamos prisa. Te desnude con cuidado. Y descubrí, maravillosa coincidencia de los real con lo imaginario, la Afrodita de Milos encarnada. El fulgor nacarado de tus pechos iluminaba tu rostro. Durante mucho rato contemplé, mudo, ese milagro de vigor y suavidad. Tú me enseñaste que el placer no es algo que se tome o se dé, sino una forma de darse y demandar la propia donación del otro. Nos entregamos mutuamente por completo.






Amor estoy tan perdido, a veces 
pasan los días y este vacío llena mi corazón 
cuando quiero escaparme 
me voy en mi coche 
pero a cualquier lugar que voy 
vuelvo al lugar en que estas 
Todos mis instintos, vuelven 
y la magnífica fachada, pronto se quemará 
sin un ruido, sin mi orgullo 
salgo de mi interior 
En tus ojos 
la luz, el calor 
en tus ojos 
estoy completo 
en tus ojos 




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